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BREVE INTRODUCCIÓN
Vivimos en una sociedad en la cual, la posesión y disfrute
de un automóvil marca las vidas de todos, incluso en el caso
de no disponer de vehículo propio.
La necesidad de desplazarse, dándonos movilidad a las personas,
a nuestros bienes y a todo tipo de objetos y mercancías,
conlleva la presencia de todo tipo de vehículos (automóviles,
turismos, motos o camiones) en las vías públicas.
Sin esa presencia, nuestra sociedad sería radicalmente distinta.
Ahora bien, los vehículos son pensados, construidos y conducidos
por personas, estando además mediatizados por circunstancias
tales como las inclemencias del tiempo o circunstancias puramente
personales, como pueda ser la habilidad al volante o la experiencia
personal.
La primera y más importante consecuencia de todo esto es
la existencia, de todos conocida, de los accidentes de circulación.
La respuesta de nuestra sociedad a dichas consecuencias está
en la necesidad del Seguro de Automóviles.
Su existencia se remonta incluso al siglo XIX, cuando los coches
tirados por caballos ya sufrían accidentes, pero ha sido
en el siglo XX, cuando la presencia masiva y generalizada del automóvil
puso en evidencia la necesidad de la universalización del
seguro.
En España, el seguro de automóviles es obligatorio
desde 1.965, y ha ido evolucionando con los tiempos, adaptándose
a las distintas normativas nacionales y/o europeas.
¿Para qué sirve?
El coste social y económico que suponen los accidentes en
nuestra sociedad obliga a que el o los responsables de un accidente
indemnicen a los perjudicados.
Para evitar las situaciones de injusticia, derivadas de la insolvencia
total o parcial de los causantes, la ley estableció que todo
propietario de un automóvil debería tener OBLIGATORIAMENTE
contratada una póliza de seguro, la cual cubriría
dichas indemnizaciones, hasta al menos el límite previsto
en dicha Ley.
Sin embargo, esto no limita la responsabilidad del conductor, ni
tiene en cuenta situaciones menos graves para las personas. De ahí
que las compañías aseguradoras ofrezcan todo tipo
de pólizas para cubrir otras situaciones (riesgos), como
pueden ser pólizas que cubren la responsabilidad civil voluntaria,
el robo del vehículo, la rotura de una luna o incluso los
daños propios del conductor y del vehículo. Todas
estas pólizas, que se contratan aparte o dentro de un paquete
de coberturas, se desarrollarán de forma independiente, pero
siempre hemos de recordar una cosa, y es que el seguro no es sólo
obligatorio, es también una medida de prudencia totalmente
recomendable, si bien cada uno, en la medida de sus necesidades
y posibilidades, ha de optar por aquella póliza que considere
se adapta mejor a sus peculiaridades.
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